24 de diciembre de 2017

Un paseo entre viñetas: Capítulo 1

¡Hola a todo el mundo y felices fiestas! Como ya sabéis, desde hace un tiempo no solamente escribo relatos, sino también guiones de cómic. Eso se ha traducido hasta la fecha en dos historias mías que ya han sido publicadas y están en el mercado, por lo que podéis conseguirlas o encargarlas en vuestra tienda de cómic o librería más cercana. 

Como mi primera publicación, "Un disparo en el desierto" (Ediciones Traspiés) ya la conocéis más, el motivo de este texto es compartir con todas y cada una de las personas que visitan la burbuja mi segunda publicación. En esta ocasión no ha sido un cómic independiente como el anterior, sino que he participado en una publicación de Granada llamada "La Revística" (concretamente en el tercer número de la misma), junto a un montón de personas que han escrito o dibujado otras historias, todas relacionadas con Granada. 

Dicha publicación es un "fanzine", lo cual se traduce en que con los beneficios de la venta de este número podamos financiar la publicación del siguiente, así que espero que si las cosas van bien, en unos meses salga una nueva aportación mía al mundo del cómic. Como esta publicación se vende de forma física únicamente en Granada, y muchas de las personas que me leen sois de diferentes partes de España, Europa o el resto del mundo, he querido aprovechar para subir aquí una de las dos historias que he aportado, y que así podáis leerla y darme vuestras opiniones.

Los dibujos han corrido a cargo de Pablo Arellano (también conocido como Psike Arellano, cuyo perfil artístico os enlazo aquí), un amigo de Granada con el que espero repetir colaboración en el cuarto número de "La Revística", y quien sabe si llevar adelante algún proyecto más ambicioso. 

Espero que tengáis felices fiestas y que esta historia os deje un buen sabor de boca. Está hecha como muestra de mi aprecio por el mundo de los cómics, aunque espero que tanto si sois o no personas afines a este mundo, os guste por igual. ¡Hasta la próxima amig@s de la burbuja!








29 de noviembre de 2017

Cuestión de vestimenta

Todo había empezado de un modo inocente, tan inocente que no llegué a pensar que se convirtiera en una adicción. Porque sí, de la forma más inesperada mi vida comenzó a cambiar en algunos aspectos, y empecé a gozar de unos privilegios que me habían estado vedados anteriormente. Y no solamente se trataba de mi vida, sino también la de mi pareja, que se había vuelto tan adicta como yo a estos nuevos cambios.

Hacía casi dos meses, y con motivo de una fiesta de disfraces, mi novia y yo habíamos elegido ir disfrazados de uno de los cuerpos policiales del país. Nos tomamos tan en serio la cosa, que adquirimos los uniformes de uno de los mismos lugares donde dichos cuerpos los encargaban. Y de otras formas más imaginativas, nos hicimos con placas y distintivos falsos bastante reales, casi pareciendo agentes policiales de verdad.

En la fiesta causamos buena sensación, y no faltaban bromas sobre controles de alcoholemia y soplar aquí o allí. Mi novia y yo lo pasamos tan bien que la noche se nos pasó muy rápido, dejando paso a una mañana donde, antes de irnos a casa a dormir, fuimos a una cafetería a desayunar. No habíamos estado antes en aquel lugar, lo elegimos por estar cerca de la casa donde fue la fiesta. Por eso nos sorprendió que, habiendo pedido solamente un par de cafés y unas tostadas, nos pusiesen una ración de churros. Le hicimos saber al camarero sobre ese error, y nos dijo que corría por cuenta de la casa. Al mirarnos mi novia y yo, nos dimos cuenta de que nos había tomado por policías de verdad, y de ahí ese…desayuno extra.

Una vez en casa, y mientras nos quitábamos los uniformes para meternos en la cama a dormir, nos asaltó la duda casi al mismo tiempo… ¿y si salíamos más tarde con la misma ropa e íbamos a otro lugar distinto para comer o cenar? Total, lo peor que podía pasar era que nos trataran como a dos clientes más. Así que con esa idea en mente nos quedamos dormidos. Y sí, por la noche fuimos a otro bar a cenar, o mejor dicho, a tapear, que es una de las ventajas de Granada.

En condiciones normales, con las tres rondas de cervezas que pedimos y su correspondiente tapa ya habríamos cenado. Pero el efecto de nuestros uniformes hizo que nos invitaran a dos rondas más, y que nos pusieran más cantidad de comida que al resto de la clientela. Y así arrancó nuestro periplo hacia la adicción que es llevar esta vestimenta para determinadas situaciones y lugares.

Desde aquella fiesta de disfraces y hasta la fecha, a mi novia y a mí nos han invitado a copas, cervezas, comidas, desayunos y cenas en diferentes bares y restaurantes de la ciudad, sirviéndonos alimentos y bebidas de gran calidad y alto precio para el público normal. Nos hacen descuentos en diferentes tipos de comercios. Nos dan trato preferente a muchas otras personas cuando vamos a algún sitio donde hay que esperar hasta recibir atención de un empleado, y los policías de verdad que se cruzan con nosotros nos saludan como si de verdad fuésemos compañeros de trabajo.

¿Comprendéis por qué es todo esto tan adictivo? La cultura ya implantada del trato de favor que se les hace a ciertas personas normales y corrientes por el hecho de tener un trabajo distinto, es el filón que mi novia y yo estamos explotando, y que seguiremos haciendo hasta que nos cansemos.